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Posted by Sergio Blancafort

-Desde que he decidido no preguntar a los demás cómo tengo que hacer las cosas, me siento mejor conmigo mismo.

 Por supuesto, le animas:

-Tú eres capaz de hacer lo que te propongas.

-Sí.

Su aspecto físico se modifica, sonríe y deja de estudiar la cucharilla con la que acaba de remover su café para mirarte directamente a los ojos.  Hay algo nuevo en esa mirada, un brillo en sus pupilas que invita a creer en él.

-Antes, continúa, sentía que no podía mantener mis decisiones sin que alguien las validara de un modo u otro… Era como si no pudiera continuar sin la aprobación de los demás, y eso me hacía sentir pequeño, dependiente…

Mientras le escuchas, te das cuenta del poco tiempo que ha sido capaz de mantener la convicción en sus ojos.  La cucharilla de café ha vuelto a cobrar protagonismo y sus hombros se marchitan como una planta en un jarrón sin agua, mientras se recrea detallando todo lo que “antes” le hacía sentirse inseguro y poco eficaz, lo mucho que le hacía sufrir depender siempre del criterio ajeno, etc…

Empiezas a darte cuenta de que su “antes” y su “ahora” no están tan lejos el uno del otro como a él le gustaría y acabas comprendiendo que no lo están en absoluto cuando, después de algunas justificaciones, termina preguntándote: ¿No crees que hago bien?

Al final, ese pasado que desprecia sigue ahí, impidiéndole avanzar hacia donde desea, decidiendo por él. 

Llegas como externo a una organización y oyes del director de marketing:

– Nuestra estrategia de contratación publicitaria ha estado basada siempre en la frecuencia. Nuestros productos se venden así. En nuestro caso es más efectiva la frecuencia que ninguna otra forma de notoriedad.

Lo dice, mientras con un movimiento circular del bolígrafo, señala involuntariamente hacia el director de ventas, sentado a un extremo de la mesa de la sala de juntas. Solo tú observas ese movimiento helicoidal, pero el director  de ventas, como movido por un resorte secreto,  toma la palabra para enzarzarse en una compleja exposición sobre la idoneidad de su estrategia de marketing, desde el punto de vista de la accesibilidad al cliente objetivo.

 

Por su forma de hablar, lo primero que observas es que es el propio director de ventas quien valida las decisiones del departamento de marketing. Te parece curioso,  pero eso no es lo único…. Te está hablando como si llevara cuarenta años en su puesto cuando, él mismo, no debe tener más de treinta. Antes de seguir, le preguntas cuántos años lleva en la empresa y, efectivamente,  confirmas que cuenta con menos de un año de antigüedad.

 

Tanto el amigo que te pide que valides su decisión de prescindir de la opinión de los otros,  como la organización que sigue haciendo las cosas de una manera determinada porque “es como se ha hecho siempre”, están arrastrando las cadenas de un Rol Fantasma. 

En el caso de tu amigo, dicho Rol podría ser la voz del niño sobreprotegido; él mismo, en otro tiempo de su vida, que permanece al mando.  En el de la organización, por ejemplo, podría ser la de un Jefe de Ventas que desarrolló el departamento en un momento “histórico” de la compañía, cuando el área comercial no estaba diversificada quien, a pesar de haberse jubilado años atrás, sigue tomando decisiones.

 

En ambos casos se está imponiendo un rol al que no le correspondería llevar las riendas pero que ha quedado predeterminado en la cultura del sistema. Un Rol Fantasma que está pasando desapercibido a los miembros que lo conforman.  Y es precisamente eso, su invisibilidad o el rechazo de dichos miembros a reconocer su voz, lo que lo mantendrá activo. Aquello que estás evitando ver es lo que te acaba dominando

 

La fuerza del Rol  Fantasma, por lo tanto,  radica en que la naturaleza de su voz permanece oculta a sus miembros. Si la voz de ese niño del que nuestro amigo probablemente se avergüenza es marginada internamente, la resistencia resultante puede acabar suplantándole a él mismo. Si, por el contrario, es escuchada, entendida desde su diferencia y asimilada, contribuirá al desarrollo de su proyecto vital.

 

En el caso de la compañía que poníamos como ejemplo, la aceptación de que un Rol Fantasma está tomando decisiones que le correspondería tomar al equipo directivo actual,  podría implicar cambios, no solo a la estrategia comercial, sino quizás también en  la definición de los roles del propio departamento.

 

Para facilitar la comprensión del Rol Fantasma, he utilizado dos ejemplos en los  que resulta muy evidente su presencia, pero me gustaría añadir que su influencia trasciende los ámbitos personales o empresariales, para alcanzar horizontes de auténtica relevancia social. Vemos Roles Fantasma sosteniendo desencuentros históricos entre pueblos, fidelidades enfrentadas o sistemas de creencias anacrónicos establecidos y mantenidos bajo su manto de invisibilidad. Rindiendo tributo al principio de democracia profunda, definido por Arnold Mindell, la formación en Coaching de Sistemas Organizacionales y Relacionales ORSC que impartimos desde Arise Culture&People, propone un modelo eficaz para evitar que la opacidad o marginación de muchas de las voces que forman parte de un sistema, encuentren cauces impredecibles para hacerse escuchar.