Posted by Emma Barthe

Hace unos días y después de una intervención sobre Neuroliderazgo, un participante se acercó a mí y me preguntó si el neuro era una cuestión de moda. Y yo le contesté –Es cierto, parece ser que el neuro está de moda, pero no es una moda-. Y voy a intentar explicarme mejor con este nuevo post.

 

El neuro no es ni debería ser considerado una moda, una novedad, una tendencia y ni siquiera una marca. Es indiscutible que ahora colocamos el prefijo “neuro” a todo. Hoy se habla de neuroeconomia, neuromarketing, neuropsicología, neuroeducación, neuroarquitectura, neuropolítica, neuroetica,  neurocrítica, neuromoda (la percepción de la belleza, el sentido de la estética, es una cualidad puramente humana), neurogastronomía   y hasta de neuroteología o neuroespiritualidad.  Pero, bajo mi punto de vista, la entrada, para algunos invasiva, del neuro responde a la necesidad de dar un salto más en la comprensión de nuestro comportamiento y el conocimiento de nuestras potencialidades reales e innatas desde el conocimiento de nuestro cerebro.

 

El neuro impacta es nuestras vidas para que podamos entender nuestra conducta, nuestra manera de tomar decisiones y forma de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos. El neuro siempre ha estado ahí . Aunque en mi opinión, mantenido en la retaguardia, sin ser reconocido ni descubierto en su multifuncionalidad (el cerebro, piensa, el cerebro siente, el cerebro decide, el cerebro imagina) y polifacética (cerebro individual, cerebro familiar, cerebro social, cerebro organizacional, cerebro espiritual) y en este sentido el papel de las neurociencias ha sido y sigue siendo concluyente y fundamental. Dicho esto, es indiscutible, que si quiero liderar mi vida tengo que empezar primero por liderar mi cerebro. Por conocer la máquina y familiarizarme con el vehículo que dirige mi cuerpo, mi mente y mi existencia.

 

La moda del neuro no debe reducirse a una mera tendencia pasajera y transitoria. Sería un grave error olvidarse del neuro y no tenerlo en cuenta. Estamos destinados a evolucionar y en este sentido, el neuro urge, el neuro apremia y el neuro invita.  Y cuando digo neuro, quiero decir cerebro, y cuando digo cerebro quiero decir información, que al fin y al cabo es de lo único que se nutre el cerebro, de información. Somos historia repleta de datos e información (genética, cultural, social, familiar, personal) pero no por ello determinista y limitante.

 

Podemos cambiar, renovar y transformar continuamente la información registrada en nuestro cerebro gracias a la neuroplasticidad, a la capacidad que tiene el cerebro de reestructurarse y crear nuevas conexiones neuronales. Como dice mi compañero y amigo Sergio Blancafort, “gracias a la Neurociencia, precisamente, hemos dejado de entender el cerebro humano como una cárcel que determina nuestra realidad y empezamos a verlo como un órgano moldeable, al servicio de la misma. No es que queramos negar la importancia de ese órgano, sino que entendemos que permanecer bajo la seducción de su discurso no nos lleva a un lugar diferente. No olvidemos que el cerebro es el único órgano que se explica a sí mismo”.

 

Como dijo Ramon y Cajal. “Todo ser humano si se lo propone puede ser escultor de su propio cerebro” y de eso precisamente trata el neuro. De esculpir, de modelar, de crear, de implantar, de transformar.

 

Para algunos, introducir el neuro a todas las disciplinas existentes es un claro abuso y exceso de “cerebro” o de una falsa apariencia que pretende simular mayor seriedad y rigor científico. Parece ser que si añadimos neuro el tema se vuelve más creíble e indudablemente rentable.

También existe una cierta susceptibilidad y un cierto recelo con respecto a la euforia que depara, en estos momentos el neuro. Con temor a que otras disciplinas como pueden ser la psicología, la psiquiatría o la antropología, se vean afectadas por este exceso de cientifismo.  Como si no tener el neuro de acompañante les quitara base y fundamento sólido. Sin embargo, prefiero pensar que este “supuesto” exceso o abuso de la palabra neuro, responde más, a la urgencia de conocer la máquina que nos sostiene como seres pensantes que a fines meramente marketinianos.

 

Es cierto que saber de neuro no va a solucionar los problemas a los que tenemos que hacer frente en nuestro día a día. La teoría sin el acompañamiento de la experiencia, sin la fuerza de la acción, es completamente nula, no cambia ni transforma. Pero una buena comprensión del neuro y de su enorme potencial puede facilitarnos el camino hacia la realización personal y la búsqueda de la felicidad. En un mundo cada vez más global y de incesantes cambios e innovaciones es fundamental acudir al neuro.

 

En el neuro se encuentran las respuestas a muchas de las grandes preguntas: Quienes somos, de dónde venimos, a dónde vamos y en que podemos convertirnos. Las neurociencias nos están ayudando a entender cómo funciona nuestro cerebro y el sistema nervioso para poder hacer uso de el en toda su magnitud y llegar a vivir una vida más consciente, más plena y satisfactoria, sin las restricciones de nuestra mente condicionada a nuestra historia, a nuestra educación, a nuestra cultura e incluso a nuestra genética. Tenemos el poder de manejar la información como queramos y de construir la vida que realmente queremos tener.

 

Hemos pasado demasiados años supeditados a los estadios inferiores de conciencia, dominados por respuestas automáticas y predeterminadas para procurar nuestra supervivencia.  Es el momento de responder ante la vida desde los estadios más evolucionados de conciencia; de tomar decisiones cada vez más reflexivas y conscientes y ejercer un tipo de liderazgo apoyado en las capacidades superiores que desde la propia evolución del cerebro nos han sido otorgadas como seres humanos y desde la propia estructura cerebral.  Y es indiscutible que el neuro es el que nos va a permitir conseguirlo.

 

Si juntamos neuro con liderar (neuro-liderazgo) tenemos una disciplina encargada de conocer cómo influye nuestro cerebro, nuestro neuro, en nuestra toma de decisiones, en nuestra capacidad para resolver problemas, en los procesos de aprendizaje, en la motivación, en la formación de equipos, en la creatividad, en la innovación y la gestión del cambio.

 

El neuro está en todo.

En los individuos. Como cerebro individual y consciente.

En los colectivos. Cómo cerebro colectivo y consciente.

En la familia. Como cerebro familiar y consciente.

En la organización. Como cerebro organizacional y consciente.

En la sociedad. Como cerebro social y consciente.

 

Se trata de que desde cada una de estas diferentes facetas (individual, colectiva, familiar, organizacional, social) podamos funcionar con la flexibilidad, la resistencia y la creatividad propias de nuestro cerebro o, dicho de otra manera, podamos ser cada vez más conscientes e inteligentes. Sin las identificaciones propias de una mente supeditada a lo que debería o no debería ser y con capacidad para borrar las huellas de nuestro pasado, de nuestra historia e incluso de la propia genética.  Con absoluta libertad para llegar a “ser”.  Totalmente alineado con lo que pienso, siento y decido.

 

 Yo controlo a mi cerebro, no el a mí.