la_facilitación

 

Posted by Bugui García

Un mes antes de que cayera Lehman Brothers, en el 2008, vendí mi piso, dejé mi trabajo y me reinventé como activista social, trasladándome a vivir a una zona rural de Galicia.  Hasta entonces pensaba que, en el ámbito social, las reuniones sin jerarquía ni reglas,  serían más conscientes que en el ámbito empresarial. Para mi sorpresa, me encontré  con que un determinado tipo de roles seguían acaparando el tiempo y a las personas que, en silencio, sufrían igualmente la violencia grupal. También se repetía con mucha frecuencia la incapacidad de llegar a decisiones acordadas por la mayoría del grupo. Esto me llevó a la búsqueda del “cómo funcionar bien en grupo” y descubrí la facilitación de grupos. 

 

A medida que avanzaba la formación, las sorpresas se sucedían. Me di cuenta de que yo mismo había ejercido mecanismos de manipulación en las reuniones de los grupos a los que pertenecía:  acaparando espacios de palabra, sintiendo rabia cuando alguien me contradecía y tomándome las críticas a mis aportaciones como ataques personales. Oyendo lo que quería oír y desechando lo que no era de mi interés.

 

Con la facilitación gané conciencia sobre mi estatus, mi responsabilidad y sobre cómo ejercerla para dar voz a lo excluido. Creo que dar voz a personas que nunca utilizan su derecho a la palabra en un equipo es una de las grandes revoluciones que está por llegar. Hace unos días el New York Times, resumiendo un estudio de Google, decía que los equipos eficientes necesitan “espacios psicológicamente seguros” para poder compartir desde lo personal.

Aprendí a escuchar de manera más activa y profunda y a comunicarme sin herir ni ser herido. Ahora puedo pedir lo que necesito de una forma asertiva, sintiéndome seguro y flexible en el diálogo y sé que cuanto más concreto soy en mi petición, más sencillo es que la otra persona me corresponda. Ahora puedo observar en un grupo de personas cómo se reparten el poder no explícito, cómo se utiliza ese poder y, lo más importante, tengo herramientas y habilidades para contribuir al reequilibrio de esa realidad.

 

Cuando empecé a formarme como facilitador, pensé que lo hacía para ayudar a los grupos. Sin embargo, puedo decir que ésta es una de las formaciones que más me ha cambiado. Somos seres relacionales y el “cómo” me relaciono incide directamente en mi felicidad y en la de las personas que me rodean. La facilitación cambió mi forma de vivir y ver el mundo. Me enamoré del potencial de un grupo consciente y se terminó convirtiendo en mi pasión, en mi trabajo. Desde entonces he acompañado a grupos, equipos y empresas a disfrutar de las reuniones, gestionando las diferencias y los conflictos en el momento en que surgen y celebrando cada objetivo conseguido. Creando espacios en los que las personas hablan sin miedo, muestran su vulnerabilidad, comunican sus gustos entre sí y manifiestan abiertamente lo que consideran que ayudaría a mejorar su relación. Esta nueva forma de relacionarnos, transforma al grupo en un espacio de crecimiento y permite a las organizaciones rentabilizar uno de los activos menos contabilizados en los ámbitos de toma de decisión, la materia gris de todos sus miembros.