Reconocer nuestra Debilidad, impulsa nuestro Liderazgo

Reconocer nuestra Debilidad, impulsa nuestro Liderazgo

Aunque tengamos claro que las Personas son nuestro principal activo, la realidad indica más bien lo contrario. La mayoría de empleados se sienten desorientados, desilusionados y desatendidos (Gallup, 2017).

Los jefes desean llevarse bien con sus colaboradores, dicen ser su prioridad. No obstante, todo indica que menos del 50% lo consiguen. La prisa, la sobrecarga de trabajo y el poco desarrollo de la capacidad de gestionar personas se vuelven obstáculos insuperables. Las organizaciones se resienten.

Desde Arise Culture & People presentamos el Managing Incompetence, una nueva mirada a la función directiva para ayudar a cubrir este gap entre los buenos deseos y la buena gestión efectiva de las personas. (Re)Descubrir y (re)conocerse como director (de personas). Sacar brillo a nuestra vocación al liderazgo, sepultada tras las pantallas y la presión por los resultados.

Todos los directivos asumen su responsabilidad con ilusión. Pero con la rutina, el estrés, los conflictos, esa ilusión se va evaporando. Hasta el punto que la mayoría de empleados se quejan de sus jefes y sienten que no les escuchan, no les comprenden y que los líderes no reconocen sus errores.

Es preciso recuperar la ilusión, la plena consciencia de la propia responsabilidad; nuestra misión como directivos. Dejar de pensar en cambiar de personas y ponerse a trabajar en cómo cambiar a las personas que ya tenemos. Recuperar todo el potencial de las personas que nos rodean, que a menudo damos por imposibles.

Impulsar un nuevo liderazgo, pacífico, humilde, cercano. Centrado en las personas, no en los procedimientos. Este es el gran cambio que el alma de nuestras organizaciones necesita, y que nuestra alma como profesionales agradecerá también.

Los proyectos que proponemos se articulan en tres dimensiones:

  • RECONOCER LA INCOMPETENCIA

La consciencia de la incompetencia es condición indispensable para iniciar el camino del cambio personal y de grupo. Pensamos que hacemos las cosas bien, porque queremos hacerlas bien, pero la realidad de nuestro liderazgo es otra.

Cuesta reconocer la Incompetencia, porque tenemos miedo de perder autoridad. Pero es la soberbia del directivo el obstáculo mayor para que los equipos mejoren. Reconocer la propia debilidad, las limitaciones, los temas que otros hacen mejor que yo, es el principio de toda sabiduría y de todo progreso.

  • DIAGNOSTICAR LA INCOMPETENCIA

Todos somos incompetentes, pero lo somos de formas distintas. La incompetencia tiene solución si pulsamos la tecla adecuada. ¿Hay que ser duro o blando? ¿Exigir más o menos? ¿Dar tiempo o recortarlo? No es lo mismo el que no sabe, el que no puede o el que no quiere. No es lo mismo el impaciente que el deprimido o el asfixiado.

  • TRATAR LA INCOMPETENCIA

No se cambia el liderazgo en una conferencia, por impactante que sea. Dicen los expertos que 66 es la media de días necesarios para consolidar un hábito (Lally, 2009). Se necesita entrenar los recursos aprendidos, practicar las herramientas de gestión de colaboradores, que se han descubierto y concretado.

Somos más incompetentes de lo que pensamos, pero tenemos más potencial del que creemos.

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