¿Te atreves a sondear tu Cultura Corporativa?

¿Te atreves a sondear tu Cultura Corporativa?

Durante una corta temporada trabajé en una empresa alemana que fabricaba rodamientos. Muy industrial y germánica, dos hitos que causan respeto -auténtico pavor en mi juventud-. ¿Es tan rigurosa su cultura corporativa como suponemos, o es más bien un tópico inventado socorrido?

La clave para articular una respuesta la he encontrado en el afamado libro de Noam Hariri Sapiens: Una breve historia de la humanidad “Mientras millones de alemanes crean en la existencia de la nación alemana, relaten los mitos nacionales alemanes y estén dispuestos a sacrificar dinero, tiempo y hasta un brazo por la nación alemana, Alemania seguirá siendo una de las potencias más fuertes del mundo”.

Esta es la fuerza de la cultura. La consistencia del “sistema”, como le llamaríamos en nuestro modelo ORSC de Coaching de Sistemas. “Imaginar que millones de desconocidos pertenecen a la misma comunidad, que tienen un pasado común, intereses comunes y un futuro en común. No es mentira. Es imaginación. Son realidades intersubjetivas. Existen en nuestra imaginación colectiva, pero tienen un poder inmenso”.

La colección de realidades imaginadas por el Sapiens es el componente principal de lo que llamamos cultura. ¿Cómo vamos de cohesión, que logra que los empleados realicen un esfuerzo extra, aporten todas sus ideas, se identifiquen con los objetivos generales y muestren orgullo de pertenencia?

Desde la revolución cognitiva los Sapiens viven en una realidad dual. De un lado, la realidad objetiva de ríos, árboles y leones, del otro, la realidad imaginada de dioses, naciones y corporaciones. A medida que el tiempo pasa, la realidad imaginada se hace más poderosa. De forma que hoy en día la supervivencia de ríos, árboles y leones depende de la benevolencia de unas entidades imaginadas como dioses, naciones y corporaciones.

Nuestras empresas viven también -seamos conscientes o no- en esta realidad dual. Partiendo de realidades como la distribución de tareas y de salarios, a medida que pasa el tiempo su supervivencia depende más de mitos, relatos o principios de actuación que se van desarrollando. Un mismo sueldo lo consideraré satisfactorio, en función de qué me diga la organización con ese sueldo. Y la misma tarea la veré como enriquecedora, si me parece vinculada con una misión colectiva que considero valiosa.

La cultura es un sistema de creencias, suposiciones, sobre cómo son las cosas y cómo deberían ser, que nos ayuda a dar sentido a lo que hacemos. Vivimos en un mundo de ficción. Pero una ficción que la gente se cree, y por eso es perfectamente eficaz. “Los adolescentes humanos, no disponen de genes preparados para el futbol. Sin embargo, pueden jugar con perfectos desconocidos porque todos han aprendido un conjunto idéntico de ideas sobre este deporte. Estas ideas son completamente imaginarias, pero si todos las comparten, todos pueden jugar a futbol”.

¿Cultivamos esta imaginación? ¿Dedicamos tiempo mental a conocerla y supervisarla? Si perteneces a una organización mínimamente compleja, es probable que ya tengas definida una cultura explícitamente, cualquiera puede visitarla en internet. Pero es menos probable que esos valores declarados, coincidan con los valores operativos en el día a día.

¡Atrévase a sondear qué patrones mentales y de conducta triunfan en su organización! Los valores no son una carta a los reyes magos. Y el contraste con la realidad puede ser chocante. Si domina la creencia de que la persona productiva es la que se marcha antes de la oficina, o si por el contrario domina la idea de que el mérito lo da el esfuerzo del número de horas. En este último caso, importará poco que el horario diga que la jornada acaba a las seis. Los empleados seguirán en el despacho hasta tarde, y mirarán de reojo quién es el primero en marcharse, para ponerse una medalla imaginariamente.

¿Conocemos a fondo la realidad cultural -real y operante- en nuestra organización? ¿Qué idea domina sobre el esfuerzo laboral, el uso del poder o el estilo de comunicación? ¿Cómo es nuestra cultura? ¿Cómo es el sueño compartido? ¿Cuál es el estado real de nuestras creencias? ¿Tienen nuestros profesionales la sensación de tener suerte o sueñan en proyectos profesionales alternativos? ¿Se han ido personas significativas sin motivos significativos aparentes?

Como consultores, cuántas veces tenemos que escuchar, enseguida que bajamos a la realidad de la planta, aquel lamento de: “Esto que está escrito está muy bien. Pero aquí las cosas van de otra forma”.

“Igual que la élite del antiguo Egipto, la mayoría de la gente de la mayoría de las culturas consagra la vida a construir pirámides, solo que el nombre, la forma y el tamaño de estas pirámides cambia según que cultura sea. Las pirámides toman la forma, por ejemplo, de un chalet en una zona residencial con piscina y un césped que se mantiene siempre verde, o de un ático luminoso con buenas vistas. Pero muy pocos se cuestionan los mitos que hacen que deseemos la pirámide”.

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