Trabajando con lo que emerge en Facilitación Sistémica

Trabajando con lo que emerge en Facilitación Sistémica

Durante la formación de Facilitación Sistémica, compartimos con los alumnos más de 40 herramientas para que puedan realizar intervenciones con sus clientes en casos individuales y de grupo. Pero el objetivo de la formación no es que los Facilitadores lleguen a utilizar las 40 herramientas, sino que aprendan a fluir con lo que el grupo necesita y generen sus propias herramientas.

Recientemente, me tocó trabajar con una organización de ámbito social que ayuda a familias y menores en riesgo de exclusión. A la sesión asistieron 10 personas, en representación de las 33 que pertenecen. Entre los asistentes estaba una de las fundadoras.

Planteamos una división de la sala en tres espacios en el que poder indicar en qué parte del tiempo nos encontrábamos.
• Un espacio al fondo, que le dimos la intención de “el pasado”.
• El espacio más amplio, lo dejamos en la zona central y se convirtió en “el presente”. Era el espacio donde desarrollaríamos la mayor parte de la sesión.
• En el lado opuesto al pasado, y cerca de la salida, ubicamos “el futuro”.

Iniciamos la sesión explicando al grupo este marco de trabajo, así como la utilización del cuerpo como un canal más de información. Para ello, construimos una línea en el suelo con el número 0 en un extremo, un 5 en su mitad y un 10 en el otro extremo. Y les pedimos que se ubicaran en esa línea, de 0 a 10, respondiendo con su ubicación a la pregunta: ¿cómo estamos como grupo a nivel profesional?

Las personas se ubicaron entre el 3 (la que se colocó en la parte más baja de la línea) y el 7. De esta manera hicimos un primer diagnóstico, viendo en qué punto se encuentran como grupo, y lo más importante… también lo pudieron ver ellos.

A continuación, les preguntamos, ¿por qué estaban en ese número y no en uno inferior? A la persona que se ubicaba en la zona del 3 le preguntamos por qué estaba en el 3 y no en el 2, es decir, qué era lo que este grupo tenía. Debían contestar en un post-it, una respuesta en cada post-it, y en silencio. De esta manera emergieron los recursos que el grupo tiene a su disposición. Estos recursos los pusimos en la zona a la que le habíamos dado la intención de “el pasado”. Los recursos, ya existían, era algo que el grupo había desarrollado gracias a su historia. Por eso estaban detrás, apoyando.

Seguidamente, les preguntamos qué creían que necesitaba el grupo para dar un paso hacia un número mayor. Por ejemplo, si una persona estaba en el 8, qué necesitaba para avanzar al 9, solo un paso. Los participantes contestaron nuevamente un concepto por post-it y en silencio. Y así, de esta manera tan sencilla, emergieron las áreas de mejora que el equipo necesitaba. Así como los recursos los habíamos colocado en la zona del pasado, las áreas de mejora las pusimos en la zona hacia dónde caminamos juntos, “el futuro”.

Y aquí hay una clave importante de nuestra metodología, las áreas de mejora que aparecen son la petición de dar solo un paso hacia una mejor sensación de grupo, por lo que no son un ideal inalcanzable, son solo el siguiente paso.

Entre esas áreas de mejora, varios conceptos se repitieron. Esto ayudó a visualizar los que eran los temas urgentes y también nos clarificó el camino que debíamos seguir en la intervención:

1. La desconexión de la Visión era algo importante para el grupo. Algunas personas no la sentían como propia. Se sentían desconectadas del sueño inicial.

Para trabajar un poco con la visión, la ubicamos en la zona de la sala que representaba el futuro, llevamos al grupo a esa zona y les preguntamos: ¿Qué sería bueno mantener de la visión que había hasta ahora? Y ¿qué podríamos incluir o expandir en la nueva visión? Salieron ideas de cómo reconectar con el sueño inicial e ideas nuevas para ampliar los servicios y las formaciones.

En algún momento trabajando sobre la visión, apareció una duda sobre la antigüedad entre dos participantes de la organización. ¿Quién llevaba más tiempo?

2. Llevamos al grupo al presente y les pedimos que escribieran en un post-it, en grande, el año de incorporación en la organización. Una de las fundadoras fue la primera, en 1988. Los más recientes, hacía 2 años que habían llegado. Una vez ordenados de esa manera les pedimos que se vieran.

Las personas comenzaron a emocionarse y a agradecer a la fundadora que queda en el grupo, su labor. De ahí hablamos de otros fundadores y fundadoras y de gente importante en ese origen de materializar un sueño. En ese espacio se generaron conversaciones profundas en las que se reconocía el trabajo de las personas más antiguas y se agradecía la capacidad de los nuevos para llevar a la organización hacia un mejor lugar.

3. Otro tema que salía como área de mejora, era mejorar las condiciones económicas de la asociación. Aprovechando la línea que había en el suelo y que habíamos utilizado para medir del 0 al 10. La utilizamos para dividir la sala en dos partes. Por un lado, se representaba el paradigma de escasez en el que la asociación sentía que desarrollaba su trabajo y, por el otro lado, el paradigma de abundancia al que les gustaría incorporarse. Colocamos al grupo en el espacio de escasez, ya que se sentían de esa manera y les preguntamos ¿qué se había de dejar atrás para pasar la línea hacia un espacio de abundancia y qué podíamos tomar del nuevo lugar? Surgieron ideas de cómo dignificar más su trabajo.

Finalmente, cerramos la sesión con una ronda en la que compartieron las impresiones de la sesión y el feedback fue de grata satisfacción por parte de todo el grupo. Haber generado estos espacios les había dado una nueva perspectiva, más recursos, un rumbo más claro y habían podido hablar de algunos temas difíciles de abordar hasta aquel momento.

Este es un ejemplo de cómo la Facilitación Sistémica nos permite trabajar con lo que emerge en el momento e ir adaptando la sesión a lo que el grupo realmente necesita y no tanto a lo que nosotros creemos que les hace falta.

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